Cuando he salido al escenario, he sentido una energía en el ambiente, algo que me decía que ya estaba bien de tropezar tantas veces, que no estaba bien acostumbrarse a tener la cara húmeda. Y, de repente, mis dedos han comenzado a galopar entre las cuatro cuerdas del violín, como tantas otras veces, pero esta vez sin miedo, con la seguridad de alguien que poco a poco empieza a ser feliz. El público ha concluido mi actuación con un gran aplauso, mientras yo me dirigía a la salida con mi violín, y mi arco en la mano derecha, mi partitura del Preludio y Allegro de Fritz Kreisler en la izquierda, y una gran sonrisa en los labios.
Y sé que he perdido a Drum, lo sé, pero poco a poco empiezo a acostumbrarme a las noches sin él. Cuando no puedo dormir saco el violín de la funda y dedico mis noches enteras a tocar junto a la ventana, viendo las estrellas.
Mi violín; mi guía, mi evasión, mi pasión, mi válvula de escape, mi felicidad.
Me ha entrado mono de violín!!
ResponderEliminares precioso lo que as escrito, sobre todo el final aunque bastante triste...
ánimo! entre tu violín y el tiempo superaras esto ;)
un beso!
Muchas gracias Enri, siempre es bueno saber que hay gente que te sigue :)
ResponderEliminarMuchas gracias, un beso!
seguro que tendras mas dias asi, y mucho mejores tambien :)
ResponderEliminarDebe de ser genial saber tocar un instrumento, ami me gusta la guitarra pero es tan dificil :(
Un beso!!