No hay nada que más ame en este mundo que a esa pequeña caja de resonancia de madera, con sus cuatro cuerdas (mi, la, re y sol), sus clavijas, su mentonera, su arco. Mi violín es mi compañero, mi amigo, el único que me conoce realmente, el que expresa mis estados de ánimo, a quien dedico la mayor parte de mis días.
Sé que a veces no le dedico todo el tiempo que debería, o que pago mis rabietas o mis frustraciones con él, pero sé que es lo que me dará de comer, lo que me dará un futuro estable, lo que heredarán mis futuros hijos.
Cuando yo muera, quiero que mi violín, (que no es un Stradivari, ni un Guarneri, pero es mío) sea dado a otra persona, y que viaje por todo el mundo, sabiendo que un aparte de mí va con él, y de esta forma conseguir ser inmortal. Como en la película "El violín rojo".

No hay comentarios:
Publicar un comentario